Hasta muy avanzado el siglo XVIII la economía de Betancuria y de toda la isla se fundamentó en la agricultura cerealera de secano, la ganadería, básicamente caprina, y el comercio de los excedentes agropecuarios. Tanto la agricultura como la ganadería dependían de la climatología, de modo que en los años lluviosos se obtenían abundantes cosechas, que permitían abastecer a la población de la isla y exportar excedentes al resto del Archipiélago y a Madeira. Pero los años secos, que se sucedían con frecuencia, provocaban crisis carenciales que obligaban a la población a emigrar. Las crisis económicas, que comportaban importantes recesos demográficos, se sucedieron con carácter cíclico a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Pese a ello en esta última centuria se registró un importante auge económico, con abundantes cosechas de cereales, a las que se unieron la explotación y comercialización de la barrilla, demandada en los mercados europeos para la obtención de sosa. Esta bonanza económica supuso un considerable incremento demográfico e influyó en la expansión de pueblos como Antigua, Tetir, Pájara, Casillas del Ángel y Tuineje.

La organización militar se basaba en compañías de milicias, formadas por los vecinos, cuyo máximo responsable era el señor territorial como supremo jefe militar y capitán a guerra, al que estaban subordinados los maestres de campo, alféreces y capitanes de milicias. En el siglo XVII se creó el cargo de sargento mayor, subordinado al señor y máximo jefe militar en ausencia de éste. A comienzos del XVIII se creó el Regimiento de Milicias y el cargo de coronel, al que se supeditaban todos los militares. Los coroneles eran la suprema autoridad militar en ausencia del señor y actuaron como jefes supremos, dado que los señores territoriales trasladaron su residencia a Tenerife desde la segunda mitad del siglo XVII.

En el siglo XVIII Betancuria comenzó a perder su carácter de centro rector de la isla, como consecuencia de la expansión de otros núcleos de población. En este siglo el gobierno militar se desplazó a La Oliva, donde establecieron su residencia los coroneles, en la denominada Casa de los Coroneles. Además se produjo la descentralización eclesiástica, creándose en 1708 las ayudas de parroquia de Ntra. Sra. de Regla en Pájara, y Ntra. Sra. de la Candelaria en La Oliva. En 1777 se erigió el curato sufragáneo de Santo Domingo de Guzmán en Tetir, y en el año 1792 se crearon las parroquias independientes de Santa Ana en Casillas del Ángel, San Miguel Arcángel en Tuineje y Ntra. Sra. de la Antigua, en el pueblo homónimo.

Pese a ello Betancuria continuó siendo capital de la isla y sede del Cabildo, principal órgano de gobierno insular, hasta la primera mitad del siglo XIX, en que la capitalidad pasa a Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario. En esta centuria se produjo la abolición de los señoríos en 1811, desapareció el antiguo Cabildo y se crearon los modernos ayuntamientos, dividiéndose la isla en ocho demarcaciones municipales: La Oliva, Tetir, Puerto de Cabras, Casillas del Ángel, Antigua, Tuineje, Pájara y Betancuria. Ya en el siglo XX se produjo una nueva reestructuración municipal, que dio lugar a los 6 municipios actuales: Pájara, Tuineje, Antigua, Betancuria, Puerto del Rosario y La Oliva.

patrimonio histórico y artístico

Patrimonio histórico y artístico

Con las reformas administrativas del siglo XIX Betancuria pasó a ser el municipio de menor extensión territorial de la isla. Pero su dilatada trayectoria histórica dejó su impronta en la pervivencia de un rico patrimonio cultural y artístico, que ha determinado la declaración de Betancuria como Conjunto Histórico en el año 1978. Este Conjunto Histórico es lugar de visita obligada para todas las personas interesadas en la cultura generada en la isla a lo largo del tiempo.

Actualmente el municipio de Betancuria está formado por los pueblos de Valle de Santa Inés, Vega de Río Palmas y la villa histórica de Betancuria, sede del ayuntamiento y capital municipal.