La villa de Santa María de Betancuria fue fundada por los conquistadores normandos  hacia el año 1404, durante el proceso de conquista de la isla de Fuerteventura, que se desarrolló en los primeros años del siglo XV. Betancuria, junto con Rubicón en Lanzarote, fueron  las primeras ciudades fundadas por los europeos en Canarias y Betancuria tomó su nombre del propio conquistador, Jean de Bethencourt.

Su emplazamiento en un valle interior, alejado de la costa y rodeado de montañas se debe a razones militares y estratégicas, se debe, por una parte a su fertilidad, presencia de agua y riqueza vegetal, en el contexto insular; y, por otra, a que esta ubicación ofrecía cierta seguridad y permitía una mejor defensa ante posibles ataques piráticos. Sin embargo, esta situación no pudo impedir que cuando las hordas berberiscas de arraez Xabán  invadieron la isla en el año 1593 llegaran hasta Betancuria, donde quemaron, destruyeron y desvalijaron los principales edificios, incluyendo la iglesia de Santa María.

Las primeras edificaciones que se levantaron en Betancuria durante el proceso de conquista fueron una torre defensiva denominada Valtarajal y una ermita, en la que el conquistador Jean de Bethencourt colocó en el año 1405 una imagen de la Virgen que había traído de Francia, aunque en la actualidad no se conservan  estas construcciones.

Finalizada la conquista, Betancuria se convirtió en centro rector de la isla y en su territorio comenzó a asentarse una nueva sociedad, conformada por los colonos europeos y parte de la población aborigen  que sobrevivió al proceso de conquista, implantándose una economía basada en las actividades agropecuarias, en la recolección de orchilla y en el comercio. También se radicaron en Betancuria los señores territoriales de la isla, cuya casa-palacio se ubicó en la trasera de la iglesia; las principales autoridades civiles, religiosas y militares; y todas las instituciones y órganos de gobierno insulares. De este modo Betancuria se convirtió en “villa de señorío”, en capital de la isla con jurisdicción sobre todo el territorio insular.

iglesia de Santa María

Las principales instituciones y órganos de gobierno eran el señor territorial que ejercía la jurisdicción, nombraba todos los oficios públicos, percibía tributos y concedía “mercedes” de tierra; y el Cabildo, que se ocupaba de ordenar la vida insular y estaba compuesto por un alcalde mayor, los regidores y el escribano.

En el orden religioso se levantó hacia el año 1410 la iglesia de Santa María, erigida en parroquia única de la isla hasta el siglo XVIII. En 1416 los monjes franciscanos, procedentes de Castilla, abrieron un convento bajo la advocación de San Buenaventura, que fue nombrado patrono de la isla. En 1424 una Bula del Papa Martín V creó Diócesis de Fuerteventura, cuya jurisdicción comprendía todas las islas Canarias, excepto Lanzarote que contaba con el Obispado del Rubicón. Aquel Obispado fue suprimido en 1430 y su único titular fue Fray Martín de las Casas.

En torno a estos centros religiosos, y a medida que la población se incrementaba y expandía hacia los valles y llanos de la isla, fueron surgiendo ermitas a lo largo de los siglos XVI al XVII, tanto en la propia villa de Betancuria como en otros caseríos. En el territorio que actualmente pertenece al municipio de Betancuria se levantaron las ermitas de Santa Catalina, San Salvador, Santas Justa y Rufina, San Diego, San Sebastián, Santa Inés, Ntra. Sra. de la Peña y la iglesia del convento de San Buenaventura.

Todos estos templos dependían de la parroquia única de Betancuria hasta el siglo XVIII, en que se crearon nuevas parroquias y se levantaron varias ermitas en diferentes pueblos de la isla.